martes, 10 de junio de 2008

Puente con Chile. Primero.



Sábado 7 de Junio. 23:15h. Acabamos de desembarcar en la T4 de Madrid-Barajas, con un poco más de media hora de retraso acumulado, "Spanish way of life". Por fortuna, la distancia entre el puerto de desembarco y la próxima salida hacia Santiago es mínima. Curioso el puente BCN-MAD, vuelo entremezclado que en Madrid se distribuye entre Buenos Aires, Ciudad de México, Montevideo, Santiago y.....Johanesburgo!!!. ¡Caramba, como aprovechan estos de la distribución logística de pasajeros!. Puesto que cené antes de embarcar, mi estómago no protesta. Sin embargo, el resto de mi aparato digestivo tiene prisa.



8 de Junio. 00:35h. Partimos, casi puntuales. Nos esperan trece horas de vuelo intercontinental, en un pájaro de casi trescientas setenta toneladas de peso, poco más de setenta y cinco metros de largo y sesenta y tres metros y medio de envergadura, para recorrer las 6.650 millas aéreas y seis husos horarios que separan nuestros destinos. Con el equipaje lleno de pensamientos confusos y una herida en el corazón, las emociones van y vienen, mecidas por el ruido de los cuatro motores de este A340-600. The places that scare you, debería de ser una ayuda, aunque a ratos aumenta todavía más mi malestar y mi confusión, aunque algunos de los pasajes sean inmutables como si estuvieran grabados en piedra: "A veces, la forma con la que podemos ver nuestra ignorancia es obteniendo información del exterior. Los demás pueden ser extremádamente útiles para mostrar nuestros puntos ciegos. Cuando sus comentarios nos llegan a estremecer, sería iteligente prestar atención a su perspicácia y a su crítica. Pero en el fondo, nosotros somos los únicos que sabemos que pasa realmente en nuestro corazón y en la mente, los únicos que escuchamos nuestras conversaciones interiores"....En definitiva, no podemos huir de osotros mismos.






7:35h. Aeropuerto Internacional Comodoro Arturo Merino Benitez (SCL). Niebla y +3ºC. Una fría recepción para tantas horas de vuelo. No obstante, solo salir del aeropuerto, la cordilera se puso su camisa de cuello blanco para recibirnos. Mi mejor vista, desde la planta 17 de mi hotel. Dan ganas de echarse al monte, hasta el Centro de esquí de Valle Nevado. Pero eso tendrá que esperar a otra ocasión.



8 de Junio. 11:45h. Llegó mi coche de arriendo. Por la Costanera Norte, salgo en búsqueda de la Ruta 68 en dirección poniente. Hay que ir por los sueños. Este es el momento. ¿Vendrá ella a compartirlo?



8 de Junio. Pacífico. Al fin. Después de mucha impaciencia, nos citamos en el Casino de Viña del mar. Quiero que me lleve a comer a algún restaurante del lugar, poco turístico, genuíno, aunque pueda parecerle un poco rústico. Dejamos atrás el museo de los cañones, en dirección a Concón; Me lleva hasta un discreto restaurante con magníficas vistas sobre el mar, la Picá de Juan Segura, áltamente recomendable para todo aquel que guste de los frutos del mar, sin demasiadas sofisticaciones. Al salir, una tarde plácida nos invitó a buscar un rincón donde dejar el carro, pasada la Caleta Higuerillas y sus pelícanos, y dar un corto paseo por la playa para poder disfrutar de la puesta de sol. Casi, casi perfecto. Nada como una puesta preciosa para dar bálsamo a las heridas del corazón, el palpitar juntos, la respiración acorde, la mirada perdida. Tantos sueños por vivir....


La noche nos envolvió lentamente, abrazados suave, compartiendo anhelos, suspiros, deteniendo lágrimas. Cuando el aire frío nos empujaba a apretarnos más, retomamos el carro. Las luces en el litoral, todo Viña, todo Valparaíso, se hicieron más y más presentes a medida que avanzábamos de regreso por la Avenida Borgoño.
Por la Noche, ya de regreso a Santiago, pensaba que tal vez la vida parece ralentizarse ante una puesta de sol, detenerse unos minutos en el abrazo entre el sol y el mar. Mis temores parecen fluir en ese instante, livianos. Nada pesa.
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Non Gogoa, Han zangoa (Que mis pies me lleven a donde van mis pensamientos).
Mi viaje nunca acaba.

jueves, 10 de abril de 2008

EN El RÍO

Y en eso sonó el teléfono. La mensajera era agradable, pero su misiva funesta. De tripas corazón, rebusqué en la chaqueta una de mis sonrisas de metal, respiré hondo, contuve la pena y seguí.

En el cielo de Porto Marghera las gaviotas escenificaban su danza mientras yo tomé su mano y le conté lo que sabía. Al día siguiente, seiscientas millas aéreas después, tomé mi coche hacia mi destino.





El sol empezaba su descenso cuando yo crucé las puertas del desfiladero. Se notaba la falta de nieve durante el invierno recién apagado, aunque el color de la hierba era todavía ocre-gris, requemado por el frío y el sol. Solo el verde oscuro de los pinos, junto con el azul del agua, contrastaban con el fondo.



El paisaje estaba lejos de los grandes días de la primavera florida, y mi corazón languidecía con él. Cuanto más me acercaba a mi destino, más fuerte latía el corazón, más vívidas parecían las imágenes, más tensos los momentos. El cielo, azul como nunca, parecía detener el paso de las aves para empujar mi caminar y mis manos se agarraban fuerte al volante.



Al llegar, quise ser discreto. Aparqué a la entrada del pueblo. Un gato atigrado salió de detrás de un contenedor de basuras a recibirme. Me crucé con dos ancianas, vestidas para la ocasión. Como correspondía, les dí las buenas tardes, y al alejarme un murmullo acompañó mis pasos durante un rato. Sin duda, al contrario de mi intención, empezaba a acumular comentarios a mis espaldas.

Mi amigo Juan estaba delante de la puerta. Su rostro congestionado reflejaba la gravedad del momento y su profundo dolor no conseguía esconderse detrás de su hieratismo. Casi sin mediar palabra nos abrazamos, como siempre, como nunca hubiéramos deseado. La voz se nos quebraba y las lágrimas tomaron nuestros ojos al asalto. Me dio un cachete en la mejilla y susurró un: "gracias por venir" entrecortado. Crucé el dintel. Ahí estaba su hermano menor. Sobre dos pequeñas sillas de mimbre, el ataúd parecía casi suspendido. A pesar del maquillaje, el rostro amoratado casi no podía disimularse y dos profundos costurones cruzaban su cara. Me esforcé en contener mi emoción. Puse la mano sobre el cristal y susurré un: "Hola compañero, aquí estoy". Subí la Escalera. Encontré a Teresa al llegar al tercero. De negro, como correspondía, rojos los ojos de las lágrimas del dolor, rojas las mejillas del dolor de la desgracia. Nos abrazamos, noté la humedad de su cara empapando mi hombro izquierdo, sus manos aferraban mi espalda. Acaricié su rostro, la besé de nuevo, -"Para lo que me puedas necesitar, ¿me comprendes, niña?". -"Si gracias, pasa a ver a Madre, seguro que le reconforta verte después de tantos años"-.

Eran las cinco. Mis recuerdos se agolpaban a las puertas de mis ojos, empujados por el tañido lúgubre de la campana. ¡Nang!, dos, tres, cuatro cinco, ¡nong!. Se empezó a hacer presente un rumor. Levanté los ojos y entonces lo vi.

Vi un río de gente que venía lentamente, cargado de tristeza. Al frente, seis bravos amigos sostenían otra caja que llevaba al segundo en el último de sus viajes. Los comandaba el hermano mayor, el de más grande pena. Más de quinientos lo seguían, las caras largas, los semblantes tristes, los ánimos apenados. Un sordo rumor de pies arrastrando tristeza los acompañaba en su pesado caminar a lo largo de toda la Calle Mayor. Y los viejos en los balcones, ocultaban el rostro, conteniendo un gemido. "Que no hay más dolor para una madre, que ver pasar a su hijo camino de su tumba". Y al acercarse salieron los otros, también llevando a hombros la caja, por la calle del puente. Y delante de la puerta de la Iglesia, se juntaron, como los hielos de un glaciar, hermanos llevando a hermanos. Ví como el río se curvaba, lentamente, para encarar la puerta de la iglesia, como la gente se apretaba para entrar al recinto, ya repleto. Respeto a los caídos, honor a los que los acompañan.

Luego oí la voz, clara, transparente, la oí elogiar a mis amigos, a su amor por la tierra, por las montañas. Dijo la voz: "Montaña adorada, montaña traidora, tan grande era su amor por tí que decidiste quedarte con ellos para siempre. Tú que siempre fuiste su edén, eres ahora su mortaja".





Y luego resonó el canto. Y no era una voz la que homenajeaba su recuerdo, eran docenas, cientos, que se elevaban a lo alto, que se quebraban, que se perdían en el rumor de los suspiros.





Do not stand by my grave and weep
I am not there, I do not sleep,
I am a thousand winds that blow,
I am a diamond glint on the snow,
I am the sunlight on ripened grain,
I am the gentle autumn rain.

When you awake in the morning hush,
I am the swift uplifting rush,
Of quiet birds in circling flight,
I am the soft starshine at night.


Do not stand by my grave and cry,
I am not there,
I did not die





Vi hombres grandes llorar, y lloré con ellos. Montañeses rudos, acostumbrados al dolor, al frío y al trabajo duro, los vi llorar en el canto del templo. Boqueé como un pez que se ahoga buscando el aire, apretando los dientes.




No te detengas en mi tumba a llorar, no estoy allí.
Soy ahora una de las brisas que soplan.
Soy el brillo de diamante en la nieve.
Soy la luz del sol en el grano maduro



y soy la suave lluvia del otoño.
Cuando te despierte en la mañana una ráfaga de aire, soy yo,

la gentil brisa que se levanta en círculos
con el vuelo reposado de los pájaros.
Soy una de las tenues estrellas que brillan en la noche.

No te detengas en mi tumba a llorar.

No estoy allí. No he muerto.








Y el río volvió a mi. Sentí como crecía en mi interior, podía escuchar las voces chillonas de los niños que fuimos, tirando piedras al agua, saltando de roca en roca, salpicándonos. Volvió a mi. y vi como las inocentes sonrisas se reflejaban en la superficie, como los ecos se iban con la espuma blanca. Y también morí un poco con ellos.








Watashi no ohaka no mae de
Nakanai de kudasai
Soko ni watashi wa imasen
Nemutte nanka imasen
Sen no kaze ni
Sen no kaze ni natte
Ano ooki na sora wo fukiwatatte imasu
Aki ni wa hikari ni natte
Hatake ni furisosogu
Fuyu wa daia no you ni
Kirameku yuki ni naru
Asa wa tori ni natte
Anata wo mezamesaseru
Yoru wa hoshi ni natte
Anata wo mimamoru
Watashi no ohaka no mae de
Nakanai de kudasai
Soko ni watashi wa imasen
Shinde nanka imasen
Sen no kaze ni
Sen no kaze ni natte
Ano ooki na sora wo fukiwatatte imasu
Sen no kaze ni
Sen no kaze ni natte
Ano ooki na sora wo fukiwatatte imasu
Ano ooki na sora wo
Fukiwatatte
Imasu










Caía la tarde cuando los dejamos por fin en el cementerio. Cientos de flores adornaban el lugar de su último descanso. La casualidad ha querido que quedasen enfrente de la montaña que segó sus vidas, justo al otro lado del Valle, como un cuadro perfecto, en el mejor de los museos. Y al alzar la mirada, el sol poniente reflejaba oro y seda en sus flancos, acero en sus aristas. Con las manos sobre el muro que cierra el campposanto, suspiré y sonreí amargamente: "Que tarde tan perfecta para una labor tan dura".









Y al caer el sol, el viento frío del norte acarició mi cara, agitando los brotes tiernos, apenas abiertos, de los fresnos que flanqueaban el muro. Y regresé a casa andando por el lado del río, mientras iba oscureciendo lentamente, abrazado a mis recuerdos, perseguido por mis propios demonios que, con la noche, salen a cazar. El ruido del agua sacudía mi interior, como antaño, las voces hacían brotar cientos de imágenes recubiertas del polvo del tiempo.


Recobré el pulso al subir al coche de nuevo. Apretando el volante, dejé atrás las luces mortecinas del pueblo, mientras mirando por el retrovisor mis ojos se enrojecían de nuevo. Le dí al on del reproductor de CD, buscando la nostalgia en el punto donde la dejé.

Hay un hombre que partió de casa
Que no aceptó la rendición
Un hombre en brazos de su ángel
Hay alguien que ya venció el miedo

Un hombre toma una guitarra,
Un hombre lanza un grito al viento
Un hombre mira al vacío y salta
Hay alguien que ya burló al tiempo

Seguiremos soñando
Escucharemos la luz
Mientras el mundo se mueve en tus ojos

Seguiremos soñando
Derribaremos los muros
Mientras el mundo se mueve en tus ojos

Hay un hombre que ahora extiende las alas
Un hombre que tocó el cielo
No volverá nunca más a casa
Hay alguien que ya pagó el precio

Seguiremos soñando
Escucharemos la luz
Mientras el mundo se mueve en tus ojos

Seguiremos soñando
Derribaremos los muros
Iremos siempre más lejos
Seguiremos cantando
Escucharemos la luz
Mientras el mundo se mueve en tus ojos

Hay un hombre en la cuerda floja
Hay un hombre que ya es del mundo.


Sopa de Cabra- seguirem somiant.mp3




Uno siempre está en la cuerda floja, aunque a veces quiera olvidarse de ello, la vida le refresca la memoria.




Un hombre sale de viaje, otro es el que regresa.

jueves, 27 de marzo de 2008

Reflejo

Al hilo del anterior post. La red es como un cristal de roca, hay reflejos insospechados en esquinas no previstas, ecos en ventanas desconocidas, llamas de vela entre las alas de la noche:




Gira que gira
gira gira la vida
gira gira gira
y a veces se tuerce

Gira que gira
gira gira la vida
gira gira gira
y a veces se tuerce

Me dijo la tendera ayer
sonríe, limpia las penas
que lo que hay entre los pasos que tú planeas
hay va una vida entera

Que algunos lloran por vivir
y otros por una mañana más
despiertan.

Que algunos crecen pensando en su cuenta corriente
y otros con la corriente no vuelque su patera.
Rememos por el camino que hay que recorrer
no por el lastre que nos cuelga.


(listen c’mon)

Gira que gira
gira gira la vida
gira gira gira
y a veces se tuerce

Gira que gira
gira gira la vida
gira gira gira
y a veces se tuerce

Sopló el viento de marea
y se me tumbaron los planes (se te tum tutotu tumbaron)
Y vamos a dar vueltas de nuevo
que de eso trata este juego.
Giratuto de sorpresa
si no te agarras, de morros a tierra.

Y el que andaba primero
ahora es el cojo en este juego.
Y el que marcaba los goles
de recogepelotas entre flores.

Da igual donde lleve tu vela
si tu nivelas tus sentimientos.
Equilibrio entre flores y espinas
y a la basura comidas podridas.

Coge aire
Coge carrerilla
La vida acelera (¿cómo?)
Mírala pasar

Gira que gira
gira gira la vida
gira gira gira
y a veces se tuerce

Gira que gira
gira gira la vida
gira gira gira
y a veces se tuerce

Me dijo la tendera ayer
sonríe, limpia las penas
que lo que hay entre los pasos que tú planeas
hay va una vida entera.

La vida acelera
(Gira que gira que gira que gira)
No la vi pasar
(Gira que gira que gira la vida)
La vida acelera
(Gira que gira que gira que gira)
No la vi venir
(Gira que gira que gira la vida)

La vida acelera
(Gira que gira que gira que gira)
No la vi pasar
(Gira que gira que gira la vida)
La vida acelera
(Gira que gira que gira que gira)
No la vi venir
(Gira que gira que gira la vida)

La vi pasar
(Gira que gira que gira que gira)
No la vi venir
(Gira que gira que gira la vida)

No la vi





Macaco 2004.



¡Un saludo, pasajeros!. ¡Y gracias por vuestros mensajes!.



http://dospatasparaunpato.blogspot.com/2008/01/gira-la-vida.html

http://lahabitaciondekate.blogspot.com/2007/02/giratutto.html

http://cogua.blogspot.com/2006_11_01_archive.html

http://orangitamecanica.blogspot.com/2006/07/gira-que-gira.html





Mi viaje nunca acaba....

jueves, 28 de febrero de 2008

El final del Principio. BWR

Foto "prestada" de Joan Costa.
Barcelona World Race



108d 18h 55m 02s



Tras una noche de un persistente calma, con el velero parado a poco menos de 30 millas de Barcelona, hacia las 2:00 GMT entró una suave brisa de tierra y el Educación Sin Fronteras consiguió avanzar en medio de una espesa niebla, en una imagen más propia del fiordo de Rinkobing que del puerto de Barcelona.

A las 06 :55 :02 GMT (07:55 hora local), Albert Bargués y Servane Escoffier llegron al final de su periplo en la Barcelona World Race, consiguiendo acabar la carrera sin haberse detenido.

La distancia recorrida por el navío ha sido de 27.892 millas nauticas y la velocidad media de 10,68 nudos.

Mando desde aquí un cálido saludo y un abrazo a todos los componentes del equipo que tantas horas nos ha tenido pendientes del curso de los acontecimientos.

Como dijo Winston Churchill:"Esto no es el final....puede ser, tal vez, el final del principio". Esperaremos con ilusión la segunda edición.


Mi viaje nunca acaba....









lunes, 25 de febrero de 2008

HOPE



No puedo evitarlo. Este es una de la películas que siempre me ha conmovido. No importa que la pasen a medianoche, en una cadena local, me quedo a mirarla.



Varias perlas me causan conmoción, pero el "leif motif" central es el compendio de ellas:


"Fear Can hold you prisoner. Hope can set you free"





Querido Red, Si estás leyendo esto es porque has salido. Y si has venido tan lejos, tal vez estés dispuesto a ir aún mas lejos. Recuerdas el nombre del pueblo ¿no?
Me haría bien contar con un buen hombre que me ayude a echar a andar mi proyecto. Estaré a la espera de tu llegada con un tablero de ajedrez preparado. Recuerda Red, la esperanza es algo bueno, tal vez lo mejor que hay y las cosas buenas nunca mueren.
Espero que esta carta te encuentre y te encuentre bien.
Tu amigo, Andy

Estrenada en 1994, "The Shawshack redemption", conocida en Francia como "Les Evades" o en España como "Cadena Perpétua", para mi es la coronación de uno de los grandes interpretes americanos: Morgan Freeman (Memphis,1937).




Como ya habreis deducido, habla sobre la amistad y la esperanza en un lugar tan inhóspito como una prisión americana del estado de Maine, en un período que abarca casi veinte años, desde finales de los 40 hasta mediados de los 60. El segundo mensaje es que el ingenio puede superar grandes barreras, incluso los muros de una prisión.
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Otra de mis perlas preferidas: "Andy se arrastró hacia la libertad a través de quinientas yardas de residuos mal olientes que no puedo imaginar. O quizás no quiera imaginarlo. Quinientas yardas. Es la longitud de cinco campos de football, casi media milla. Andy Dufresne, ese que se arrastró por un río de mierda y salió limpio del otro lado". En medio de ese desolador entorno, alguien sobrevive a las torturas físicas y piscológicas más duras y preserva la esencia de su honestidad.
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Hay docenas para destacar: "Me doy cuenta que estoy muy emocionado, casi no puedo estar sentado o tener la cabeza tranquila. Creo que es la emoción que sólo un hombre libre puede sentir, un hombre libre al principio de un largo viaje cuyo final es incierto. Tengo esperanza en poder cruzar la frontera, tengo esperanza en poder ver a mi amigo y estrechar su mano, tengo esperanza que el Pacífico sea tan azul como en mis sueños. Tengo esperanza".
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Si no la vísteis, os la recomiendo. Si ya la habeis visto, ya sabéis de que hablo.
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Mi viaje nunca acaba....

domingo, 28 de octubre de 2007

Atardecer en Porto

A primera hora de la tarde, cuando la tensión del trabajo ya decaía, me entró la nostálgia. Mi vuelo estaba previsto a última hora de la tarde en Matosinhos (POR), así que me quedaban unas cuantas horas todavía. Sentía necesidad de aire libre, de crepúsculo....


Decidí perderme por la ribera norte del Douro hasta llegar a la desembocadura. Subiendo por la IP1, entre Oliveira y Porto, crucé "O ponte do Freixo" y tomé la primera salida en dirección a la Marina do Freixo. Aparqué justo debajo del puente, encima de la acera sin pavimentar.
Me senté unos minutos en el muro que protege la Avenida Paiva Couceiro, viendo como dos navegantes aparejaban una motora de unos ocho metros. Junto a una de las columnas del puente, dos jubilados en una zodiac charlaban y compartían una cerveza mientras tiraban las cañas.
Un caminante paso junto a mi lado, "Boã tarda" y paso ligero, sin detenerse a más.

Seguí con el coche río abajo, un quilómetro o poco más, para admirar otros dos puentes ferroviarios: Ponte de María Pia (Nada menos que de G.Eiffel) y su sustituto O Ponte de S. Joao, esbelta figura de E.Cardoso inaugurado en 1991. Después de la foto de rigor, sigo todavía con el coche un poco más para poder admirar de cerca mi preferido: Ponte Dom Luís I, que data de 1886, con una cuerda de más de 172 metros y una altura de poco más de 46 metros.




Desde aquí puedo oler ya el "Cais da Ribeira" mi próxima parada. Remonto hasta la Praça do Infante D. Henrique, donde dejo el coche en el parquing subterráneo. Me dejo la corbata dentro y me desabrocho del boton del cuello. Así, de esta guisa, bajo por la Rua de Reboleira, a buscar el río, entre callejuelas adoquinadas, silencio.
Me siento unos minutos en el balcón del Cais (cima do muro) , viendo los turistas ingleses pasar en dirección a las barcas que hacen la visita a al Douro. Al otro extremo, seis jóvenes se montan un "Botellón".





Debajo del muro, tres jubilados comentan que ese año lascosas no han ido bién con el turismo, que no hay alegría. Levanto la vista a las fachadas del frente fluvial. Estoy de acuerdo, les falta alegría, "contos", ropa en los balcones, flores.... Desde a Praça da Ribeira, me pierdo un instante por la Rua da Lada, buscando quién sabe que, me falta su presencia conmigo, su sonrisa pícara, sus ojos de fuego... sigo adelante al llegar al extremo de la calle, hasta desembocar en o Terreiro, dos o tres imágenes más.

Curioseando por los rincones, encuentro dos señoras sentadas en un portal. Visten sendas batas azul-blanco, una de ellas listada y la otra me recuera un patrón de cerámica. Apoyadas en las sillas de rafia de plástico, me miran curiosas y comentan la jugada. Unos metros más adelante, una anciana enjuta maniobra en medio de la calle, de fuerte pendiente. Mide poco más de metroy medio, viste una bata tambien azul y calza unas alprgatas agujereadas el pulgar. Sus manos fibrosas y arrugadas sujetan una bolsa de ráfia de plástico, multicolor. A punto de topar con ella, se gira y levanta la vista. -"Disculpa là rapaz"-.


Atino a engranar: -"Não acontecea nada avó"-. Demasiado tarde. La abuela me ametralla con seis o siete frases a toda velocidad, en un tono agudo, deliciosamente musical. Viendo mi cara absoluta de pasmo, suelta una sonrisita y me coge del brazo, tirando para arriba. Le tomo la bolsa con la mano libre. Se ríe y salmodia en voz baja sobre la vejez o algo así.
A media subida miro atrás. Las dos mujeres se ríen a pierna suelta. Yo les correspondo con una media carcajada. La figura tiene por lo menos de pintoresca: Una abuela enjuta con las alpargatas agujereadas del brazo de un tipo, metro ochenta y tres, 210 libras, camisa blanca y traje gris. casi al final dela subida, recostado en otro portal, un chow-chow mira con cara de aburrido. Pasamos junto a una lona que cubre un andamio. En la esquina, giramos a la derecha, frente a la puerta de una iglesia. Me da una palmadita en el brazo, recupera su bolsa y, a pequeños pasitos se mete dentro. Miro la losa que hace de escalón de entrada: São Niculau. Me pongo las manos en los bolsillos mientas sonrio, mirando al monumento del Infante D.Henrique. ¡Qué cosas me pasan!.

Dos policias me observan al otro lado de la calle. Supongo que han visto la escena, casi completa. Cruzo en dirección al aparcamiento. El sol está bajando. La Foz no queda lejos, no me gustaría perderme el ocaso en el atlántico.




El mar golpea suavemente las rocas, con un murmullo que invitar a permanecer callado. Unos pocos turistas en la pérgola, unos pocos locales abajo, en las rocas, con la caña parada.
Siento el viento suave en la cara. Respiro hondo. En unas pocas horas mi pájaro alado me llevará de nuevo ante la mensajera. Besaré sus labios con fuerza, buscaré su cuerpo febril, vibrante entre mis dedos, teclearé sus notas hasta colmar mis oídos de su música, de sus suspiros. Pero ahora solo siento el sol que se oculta en el horizonte y el cantar de las mareas vivas.

Será por la luz, será por mi mano que tiembla, algunas fotos no salieron suficientemnte bien. Me asomé al mundo y le tomé prestadas algunas a Francisco Oliveira ( http://portonorte.blogspot.com/).
Recomiendo la visita.
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Mi viaje nunca acaba...

martes, 31 de julio de 2007

El Oráculo

Todo es confuso. Debe de ser el efecto de una subida demasiado rápida. Tal vez no respeté las tablas de descompresión.





Estaba dándole vueltas y más vueltas a oráculo de Anticlea. No prestaba demasiada atención a la carretera. De hecho, conducía de forma un poco automática. Al menos hasta pasar por debajo del radar fijo. Luego viene una recta de poco menos de un kilómetro, una buena subida y, finalmente, el descenso. Tiene un trazado perfecto, una bajada casi un kilómetro antes, un radio largo y un peralte bien equilibrado. En la parte más cerrada tiene incluso tres carriles. Y justo después de la trazada la pendiente se invierte y empeza de nuevo una subida, casi quinientos metros. Esa curva puede ser un mundo en si misma. No voy a mentiros. La única forma que respete los límites de velocidad en esa curva es que la carretera esté bloqueada o que lleve el coche lleno de gente. De noche, más de las 22:15h, y conduciciendo solo....

Ayer había luna llena. La cabeza hirviendo de cosas que dije y, sobretodo, de las que no dije. Prisionero de tus palabras, liberado por tus silencios, dijo una vez el maestro. No obstante, no me sentía liberado. Había tomado mi decisión, el viernes 3 és la fecha señalada. No hay vuelta atrás.

Llevaba alguien enganchado atrás. Un golf oscuro, azul, gris o negro, no sé muy bien. La aguja ya superaba los 150 km/h, pero se encontraba cómodo, ni aumentando la distancia, ni pretendiendo avanzar.

Apreté las manos, tensé los hombros y el cuello, era el momento. Faltaba muy poco para el final del cuentakilómetros, listos para el despegue de un momento a otro, el haz de luz del otro vehículo por detrás, a menos de 25 metros de distancia. En la mitad de la trazada apareció.

Casi no tuve tiempo de distinguir que era. Un pequeño bulto de no más de 40 cm de altura, dos puntos brillantes en la oscuridad ante mi. Noté el golpe debajo del compartimento del motor. Miré justo por el retrovisor. Lo que no hubiera hecho yo mismo lo habría completado mi perseguidor, misma trayectoria, misma velocidad.

Esta mañana, en el camino de vuelta, busque un punto para hacer el cambio de sentido y volví al lugar de los hechos. Con el doble intermitente encendido, mi chaleco reflectante sobre mi camisa color arena y mi corbata listada, caminé unos metros por el arcén. Era un zorro rojo, un raposo común. Era, más bién, lo que restaba de él.

Podeéis imaginaros la escena. En un punto de la estepa cruzada por una autovía, un tipo con pinta de ejecutivo se inclina sobre el cadaver de un zorro rojo en el arcén. Me asaltaban varias cuestiones, algunas de as cuales todavía no he resuelto. ¿Quiere alguien ayudarme?.

¿Qué hace que dos seres tan dispares, que nunca habían coincidido antes, sellen un vínculo entre ellos a través de la muerte?

¿Si las circunstancias hubieran sido las inversas, ese zorro hubiera sentido curiosidad para inspeccionar los restos de un vehículo automotor desintegrados en una de las "mejores" curvas de toda la autovía?

El oráculo sigue gritando: ¡Vive ahora!!.¿Significa eso pisar el acelerador sin mirar atras?. ¿A cuantos hemos deslumbrado con nuestos faros en el afán de ir más allá, más rápido, por encima de todo?

¡Vive ahora!!, Sigue resonando en mi cerebro. ¿Como puede ser que alguien con ocho décadas encima, referente y guía, siempre en la línea, siempre sacrificando, siempre en renuncia contínua, pueda gritarme este oráculo desde un lecho de hospital?. ¿Qué es "Vive ahora", significa que todo lo andado no es suficiente?.

Nico escribió que ya no esperaría los grandes sueños, Aiguamel escribió que cada día debería de ser una gran ocasión. Lo cierto es que puede que haya un mal paso aguardando en la siguiente curva de la autovía, pero renunciar a mis grandes sueños...y cada mañana me digo: "hagámos que merezca la pena ser recordado este día" .




He esperado en vano el espíritu el zorro. El sol se plantaba ya en lo alto del cielo, en un día duro, que promete más de 30ºC. De cuclillas, musité Omni mani padme hum!, tres veces, tome un puñado de arena del arcén, mezclada con sangre ya seca del animal, lo tiré al aire en frente de mí. Una ráfaga suave lo llevó más allá de una mata de amapolas secas que balanceaban sus testas coronadas junto al guardaraíl. Me levanté, mirando al sur. ¿Donde se esconden mis respuestas?


Mi viaje nunca acaba...

lunes, 25 de junio de 2007

Solsticio de Verano

En un extraño mundo cambiante, cada vez queda menos espacio para los viejos ritos, las viejas creencias.Pero hay unos días en el año, que el pasado atávico recupera toda su fuerza, y los ritos antiguos rasgan el velo del olvido y se hacen presentes.


El Solsticio de verano es uno de esos días. Este día mágico, obviamente ahora en el hemisferio norte, es un momento extraordinario de renovación. Purificación a través del poder del sol, fuego arrancado por un renacido Prometeo. El fuego lava, engendra nueva vida, fertiliza la tierra y la dota de nueva energía.


Hay un lugar donde esa ceremonia se pone en escena cada año, con especial sentir. Un lugar antaño aislado, ajeno al mundo que lo rodeaba, protegido de él. Es una efímera emoción, limitada, fugaz, pero eterna, cala en el corazón de los cachorros, entra en su sangre a través de los ojos, del olor del humo, del sudor de sus mayores. Y los acompaña por siempre. Aunque la vida los lleve lejos, esa brasa arderá en su corazón cada solstício.




Dias antes del solsticio, se prepara con entusiasmo, los elementos básicos de esta representación. Los portadores del fuego, afinan sus instrumentos, hacha en mano para que todo esté a punto.


De uno de los pinos selecionados, por su porte y su diámetro, surgirá "El Far" (El Faro), la guía para los cazadores en la noche oscura, su ovillo de Ariadna. Se necesitan varios leñadores para cortar, pelar y rajar el tronco, arrastrarlo una vez colocadas todas las cuñas y "plantarlo" en medio de la plaza del pueblo.


Suele estar ahí, durante varias semanas, anuncio de lo que va a acontecer, erguido, imponente, exhibiendo al sol su porte esbelto, sus herídas, sangrantes de resina.


Luego están la "Teias" (algo así como "Antorcha" en traducción un poco libre), de tamaño según la capacidad del portador.


También peladas y rajadas, deberán ser transportadas hasta lo alto del monte, para ser apiladas al sol a la espera del grán día. El monte se llama Qüenca, y no, no pertenece a la saga de Tolkien, aunque merecería lugar destacado entre sus páginas.



La tarde del día 23 de Junio todo está a punto. Los porteadores parten hacia el monte, bastón en mano, una bolsa a la espalda, ropa cómoda y el espíritu elevado, satisfecho el ánimo, caliente el hígado, a veces sospechosamente caliente, como delata su aliento.


Esta va a ser una noche importante, una noche donde se reconciliarán con su pasado, con la tierra que los vió nacer. Son los emisarios, los testimonios de este nuevo compromiso, que tal vez logren que se mantenga un año más.





Al atardecer, el pueblo se arremolina en la plaza. Conforme la oscuridad avanza, en este el día más largo, el nerviosismo se hace más patente hasta el momento culminante.

Silencio, La señal!. La campana redobla su mensaje, el emisario acerca su mecha, enciende el faro; que comience todo!. El fuego prende enseguida, las llamas se elevan al cielo, el mundo gira ahora a su alrededor.




En el monte, como respuesta, se encienden las piras. Al turno, cada nuevo Prometeo recoge su teia, la carga al hombro, y a la señal, enfila el sendero de regreso al pueblo. En cuestión de minutos, el fuego, como una gran serpiente, desciende de la montaña, sobre los hombros, zigzagueante.


En el pueblo, comienza la algarabía. Dedos que señalan a la montaña, risas, flashes.






La serpiente se alarga, largos minutos corren despacio, al ritmo de los pies de los portadores.



Los primeros aparecen en medio de las primeras casas del pueblo. Ennegrecidos por el humo, cansados, sudorosos. Las doncellas avanzan hacia ellos, les ofrecen vino, besos tal vez. Con eltronco casi consumido, marcan tres cruces en la puerta de la iglesia, regresan a la plaza y apilan el resto alrededor del faro.










Una vez más, el pueblo renace, como Fenix, y renueva su vínculo.



Que el poder del fuego lave sus pecados, fertilice sus campos, le de buenas cosechas.


Van llegando más falleros. La alegría se desborda. alrededor del fuego, la danza del sol continua. como antaño, como siempre. Mientras exista un solo danzante del sol, la tierra persistirá.




















Mi viaje nunca acaba.....